Hay preocupación en España, Francia, Reino Unido, Alemania y la mayoría de las naciones democráticas, que ven cómo la ultraderecha en sus respectivos países se envalentona.
Al fondo una imagen recuerda que Memoria es democracia: así luce el Museo Reina Sofía aquí, en Madrid, con una multitud agolpada en su auditorio lista para celebrar los 50 años de España en libertad tras la muerte del dictador Francisco Franco.
Nunca mejor dicho: el valor de la libertad contra la autocracia. El presidente de España, Pedro Sánchez, señaló como necesario que la juventud actual se entere de lo sucedido durante los 40 años de represión franquista en lugar de hacerlo mal informados a través de las redes sociales. Y más cuando las encuestas indican que uno de cada cuatro jóvenes españoles elegiría el autoritarismo en lugar de la democracia como sistema político.
“La democracia a nivel mundial está amenazada por la ultraderecha y el fascismo, que en el caso de Europa ya es la tercera fuerza política en el continente”, advirtió Sánchez durante la inauguración.
Sí, hay preocupación y no solo en España, sino también en Francia, Reino Unido, Alemania y la mayoría de las naciones democráticas, que ven cómo la ultraderecha en sus respectivos países resurge más envalentonada tras el inminente retorno de Donald Trump a la Casa Blanca.
Muchos de esos partidos filonazis creen que esta es su mejor oportunidad histórica para volver al poder o llegar por primera vez.
Choques
“Los valores y regímenes autocráticos avanzan en medio mundo. La internacional reaccionaria o ultraliderada por el hombre más rico del planeta ataca directamente a las instituciones, azuza el odio y llama a apoyar a los herederos del nazismo en Alemania”, declaró Sánchez con dedicatoria a Elon Musk.
Y es que en los últimos días el megabillonario sudafricano lanzó una campaña de odio en su red social X contra el primer ministro laborista británico, Keir Starmer, acusándolo de contubernio durante su etapa de fiscal para no juzgar a diversos implicados en una trama de explotación sexual de menores en Reino Unido, que habría sucedido hace más de una década.
Desde la campaña electoral, ya el propio Trump en diversas intervenciones acusó a Starmer de “flagrante interferencia extranjera” en las elecciones presidenciales de Estados Unidos por un viaje de sus activistas para ayudar a la candidatura de Kamala Harris.
Los abogados de Trump presentaron entonces una queja contra el Partido Laborista de Reino Unido porque 100 de sus miembros viajaron a la Unión Americana para hacer campaña a favor de Harris en cuatro estados.
El primer ministro Starmer negó que fuesen enviados por encargo del Partido Laborista y refutó que solo eran activistas simpatizantes de Harris que iban como voluntarios de forma personal.
Desde la victoria de Trump ha sido Musk el encargado en su red social de atacar de forma mordaz al gobierno del izquierdista Starmer llegando a pedir su dimisión y en un arrebato llegó a publicar en su cuenta de X que “Estados Unidos debería liberar al pueblo de Gran Bretaña de su gobierno tiránico”.
El primer ministro británico respondió al propietario de X que había “cruzado una línea”, acusando a Musk de “difundir mentiras e información errónea”.
Antes de embarcarse en una carrera política Starmer se desempeñó como director de la fiscalía pública de Reino Unido, dirigiendo el Servicio de Fiscalía de la Corona durante el escándalo de las bandas de explotación de menores en el país de 2008 a 2013, un caso que ya fue investigado y está cerrado.
La realidad es que Trump no quiere entenderse con el gobierno de Starmer y pretende un cambio de liderazgo que permita un acercamiento en los temas que más le interesan al republicano: negacionismo del cambio climático; políticas y retórica antiinmigración; aislacionismo y nulo apoyo a Ucrania contra la invasión rusa.
Scholz condena la interferencia
Musk, junto con el empresario de origen indio Vivek Ramaswamy, dirigirá el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y se ha convertido en el principal aliado de Trump, mostrando además una profunda sincronía ideológica de corte supremacista.
En Alemania su red social alienta el triunfo de los grupos de ideología nazi. En plena efervescencia política-electoral ante las próximas elecciones generales alemanas del 23 de febrero, también Musk pretende interferir maniobrando a favor de la extrema derecha: “Solo la AfD puede salvar a Alemania de la hecatombe”.
Su apoyo además es incondicional; de hecho, mantuvo una conversación en vivo transmitida por X con Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD) y nieta de un nazi, el juez Has Weidel.
En su momento la propia Angela Merkel, en sus años como primera ministra, dedicó constantes discursos para recordar a sus compatriotas toda la devastación y muerte que ocasionó el nazismo en su país.
Merkel reiteraba una y otra vez que la democracia será imperfecta, pero es la mejor forma de gobierno y la única en la que cuenta toda la ciudadanía.
En las actuales encuestas electorales la AfD se posiciona como la segunda fuerza política en el Bundestag, por detrás de los conservadores de CDU y por delante del Partido Socialdemócrata al que pertenece el actual canciller, Olaf Scholz.
Si se cumple ese pronóstico sería una victoria arrolladora y pasarían de tener 77 diputados en el Bundestag y ser la quinta fuerza política, a tener un rol mucho más preponderante en la política germana.
Este partido, Alternativa para Alemania, fundado en 2013, es conocido en Europa como el más ultra dentro de la ultraderecha: xenófobo, ultranacionalista, discriminatorio, antiinmigración, antieuropeísta y antisemita. Tiene en Turingia un gran apoyo, como lo tuvo en su momento Adolf Hitler para lanzar su partido nazi.
En su discurso de Año Nuevo el canciller Scholz lanzó un claro mensaje: “Hacia dónde va Alemania a partir de aquí lo decidirán ustedes, los ciudadanos. No lo decidirán los dueños de los canales de las redes sociales”.
Y continuó: “En nuestros debates uno puede ser perdonado por pensar a veces que cuanto más extrema sea una opinión más atención obtendrá. Pero no será la persona que grite más fuerte la que decida hacia dónde va Alemania a partir de ahora. Más bien, eso dependerá de la gran mayoría de las personas razonables y decentes”.
Austria
La dialéctica tiene la peculiaridad de la repetición de los ciclos. En Austria han empezado las protestas ciudadanas para evitar que la ultraderecha gobierne por vez primera desde el final de la Segunda Guerra Mundial, tras la caída del nazismo.
El Partido de la Libertad (FPO), contrario a la inmigración y euroescéptico, que se opone a las sanciones contra Rusia y está dirigido por Herbert Kickl, ganó las elecciones parlamentarias de Austria en septiembre pasado con 28.8% de los votos. El Partido Popular Austriaco, del canciller saliente Karl Nehammer, quedó en segundo lugar.
El presidente Alexander Van der Bellen dio la primera oportunidad de formar gobierno a Nehammer, pero fracasó en su intento y ahora concede a la ultraderecha del Libertad FPO la formación de gobierno. El Partido Popular ha dado un paso adelante señalando que estaría dispuesto a formar gobierno aliándose con Kickl.
Para el diario The New York Times los corresponsales en Berlín, Jim Tankersley y Christopher F. Schuetze, advierten que el partido político que está a punto de liderar Austria llevaría a un país ya conservador a un grupo creciente de naciones que se desplazan hacia la extrema derecha de la política europea. “Ha coqueteado con consignas nazis, se ha acercado a Rusia y ha provocado advertencias de grupos de sobrevivientes del Holocausto”.
De acuerdo con ambos corresponsales “si logran formar gobierno sería un shock para el sistema político austriaco y una nueva sacudida para Europa occidental”.
A diferencia de la vecina Alemania, donde todos los demás partidos se han negado a incluir al populista de derecha Alternativa para Alemania en las coaliciones federales gobernantes, otros partidos en Austria han permitido que el FPO comparta el poder durante años como socio menor.
El FPO fue fundado en 1950 por exmiembros de las SS y ha ampliado su atractivo en las últimas elecciones con un mensaje antisistema. Ha ganado el apoyo de los obreros, los graduados universitarios y, sobre todo, de las mujeres. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2024 fue el partido más popular entre los votantes millennials.
Meloni y Orbán, aliados
El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, es la representación más manida de la ultraderecha europea con su partido Fidesz y es el dolor de muelas de la Unión Europea. Es primer ministro de Hungría desde 2010 hasta la fecha, aunque ya gobernó entre 1998 y 2002.
Orbán se ha mostrado como el aliado más cercano de Trump en la Unión Europea y mantiene la misma sintonía con el mandatario ruso, Vladimir Putin. Siempre se ha opuesto al apoyo europeo a Ucrania en la invasión que padece.
El alfil húngaro se ha ofrecido de punto de enlace entre Putin y Trump y el año pasado creó un grupo propio dentro del Parlamento Europeo al que se sumaron diversos grupos políticos ultraderechistas europeos con escaño. Su grupo, Patriotas por Europa, agrupa a ultraderechistas de Hungría, Austria y Chequia.
Luego está Giorgia Meloni, quien es la cara bonita de la ultraderecha europea. La primera ministra cuyo partido es Hermanos de Italia, herederos del fascismo de Benito Mussolini, ya se vende como amiga cercana de Musk y próxima aliada de Trump.
¿Qué hay de la relación entre Meloni y Musk? Cierta parte de la prensa europea llegó a deslizar un posible affaire entre la primera ministra italiana y el dueño de SpaceX.
“Meloni es mucho más bonita por dentro que por fuera. Ella encara lo que es el verdadero liderazgo y los italianos deben estar orgullosos de ella por lo bien que hace las cosas”, aseveró Musk durante un acto en septiembre pasado en el que entregó a Meloni el Global Citizen Award.
Pero, ¿qué pretende Musk en Italia? Quiere hacerse con los contratos de satélites de Italia y que su empresa Starlink sea proveedora en lugar de Iris, que es el programa europeo. Starlink provee información de inteligencia militar y de seguridad. El contrato se haría a través de SpaceX, otra de las empresas del multimillonario.
SpaceX está discutiendo un acuerdo de cinco años por un valor total de mil 500 millones de euros para proveer una serie de servicios para el gobierno de la ministra Meloni.
Todas las alarmas ya han saltado para la oposición italiana, que cuestiona las relaciones tanto personales como de negocios de Meloni con Musk, a lo que la premier respondió: “Simplemente estamos en la fase de investigación, por eso no entiendo todas las acusaciones que se han hecho. ¿El problema con SpaceX es que es una empresa privada o son las ideas políticas de Elon Musk?”
Italia está evaluando el uso del sistema de telecomunicaciones espacial de Musk para proporcionar comunicaciones entre el gobierno, los diplomáticos italianos y los funcionarios de defensa que operan en áreas sensibles en todo el Mediterráneo.
Meloni insiste en que Italia enfrenta un dilema sobre cómo proteger sus comunicaciones sensibles, ya que actualmente no hay sistemas alternativos a Starlink respaldados por Italia o la UE. No se espera el despliegue completo de la constelación de satélites IRIS2 de la UE antes de finales de 2030.
Así es que Musk, Trump y sus aliados de la ultraderecha europea e internacional no van a dar paso sin hacer negocios entre ellos. Además de nutrirse de una agenda política común en la que detestan a los inmigrantes, niegan el cambio climático y no moverán un dedo por defender a un tercero en conflicto, porque su aislacionismo es más importante que cualquier regla escrita por el multilateralismo.
Caleidoscopio de la ultraderecha europea
En un artículo escrito por Rafael Pampillón para The Objective se desmenuzan las principales características de los partidos europeos de extrema derecha y los puntos de comunión que los unen.
- Oposición a las políticas de la UE Algunos partidos de la nueva derecha son abiertamente críticos con las políticas de la Unión Europea. Entre ellos destacan Fidesz en Hungría, Vox en España, Chega en Portugal y, especialmente, Alternativa para Alemania (AfD).
- Postura frente al conflicto en Ucrania Algunos partidos apoyan la resistencia de Ucrania contra la invasión rusa y se posicionan firmemente en el bloque pro Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Entre estos destacan los Demócratas suecos; en Italia está Giorgia Meloni y en Francia Marine Le Pen.
- Simpatías hacia la Rusia de Putin El Fidesz, del primer ministro húngaro Viktor Orbán, muestra una clara proximidad hacia Rusia, priorizando relaciones que desafían a la UE.
- Firme oposición a la inmigración masiva Un rasgo unificador entre todos los partidos de la nueva derecha es su rechazo categórico a la inmigración masiva. Este tema sigue siendo su principal bandera política, atrayendo un amplio apoyo popular. En países como Suecia y Finlandia los partidos de la nueva derecha han formado coaliciones con la centroderecha para aplicar políticas más restrictivas en materia migratoria.
- Políticas económicas neoliberales En el ámbito económico muchos de estos partidos promueven políticas neoliberales, como la reducción de impuestos y la flexibilización del mercado laboral, con el objetivo de estimular la economía y atraer inversiones extranjeras.
- Políticas económicas proteccionistas Tanto los partidos de extrema derecha como de extrema izquierda adoptan posturas proteccionistas, defendiendo la prioridad de las empresas nacionales frente a las multinacionales y posicionándose contra lo que perciben como los excesos de la globalización.
- Conexión con distintas bases electorales Este híbrido de políticas neoliberales y proteccionistas refleja un intento de conectar con diferentes bases electorales.
- Contra los partidos políticos tradicionales Los partidos de extrema derecha suelen presentarse como defensores del pueblo frente a las élites políticas y económicas, a las que acusan de corrupción y de estar desconectadas de las necesidades reales de la ciudadanía.
- Críticas y desafíos Los economistas críticos con las políticas económicas de los partidos de extrema derecha señalan que, si bien la reducción de impuestos puede fomentar el crecimiento económico a corto plazo, podría generar déficits fiscales significativos que afecten la sostenibilidad de servicios públicos fundamentales como la sanidad, la educación y las pensiones.