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Filtraciones de Seguridad Nacional

Hace unos días Michael Waltz, asesor de Seguridad Nacional del gobierno norteamericano, agregó por error a un chat grupal de temas altamente confidenciales a Jeffrey Goldberg, editor de la revista The Atlantic. Un chat que además tenía lugar en la plataforma comercial Signal, en lugar de un programa técnico más sofisticado para garantizar la confidencialidad de su contenido. Ahí, el secretario de Defensa Pete Hegseth dio a conocer operativos un par de horas antes de que el gobierno estadunidense atacara a los hutíes en Yemen.

El tema se ha convertido en un escándalo en Estados Unidos por varias razones. La primera de ellas, la imperdonable falla de seguridad al agregar por error a un periodista como si fuera el chat de una fiesta familiar. ¿Nadie revisó quiénes formaban parte del chat antes de empezar a enviar mensajes de seguridad nacional? Luego, una vez iniciada la conversación nadie se dio cuenta tampoco, puesto que fue el mismo Goldberg quien reveló su presencia en ese espacio.

En segundo lugar, ¿cómo explicar que una conversación de semejante importancia se efectuase en una plataforma comercial fácilmente hackeable? ¿No disponían los funcionarios de una plataforma y tecnologías más seguras para comunicarse? Tercero, nadie ha sido sancionado por este incidente. Trump culpó a la revista y al periodista, como si éste hubiera ingresado al chat por vías indebidas y no invitado por uno de los administradores del mismo gobierno.

Cuarto. ¿Qué medidas se hubieran adoptado si un periodista con menor sentido ético que Goldberg hubiera decidido publicar el contenido de las conversaciones en el chat, en lugar de simplemente publicar que estaba ahí? Nada de esto queda claro. Por menos que todos los aspectos escandalosos anteriormente descritos, el Partido Republicano crucificó a Hillary Clinton cuando esta, siendo secretaria de Estado, utilizó un servidor privado para enviar correos electrónicos.

Amateurismo

Lo menos grave que exhibe este escándalo es el amateurismo del nuevo gobierno; lo más grave, desinterés por el profesionalismo burocrático. Hay que insistir: lo que suceda en el gobierno de Estados Unidos no tiene consecuencias únicamente sobre Estados Unidos sino que repercute a escala global ya que sigue siendo la superpotencia, aún si ha decidido comportarse como un país poco serio. Ahora, este incidente también ilustra la debilidad de la oposición, pues no parece que el Partido Demócrata tenga capacidad para llamar a rendir cuentas en las comisiones legislativas a los responsables.

El Congreso está dominado por el Partido Republicano, y por ahora los demócratas se ven impotentes puesto que en términos de opinión pública no hay mucho interés por el asunto.

Queda una reflexión. Se ha dicho que es indispensable poner de lado el lugar común de que el trumpismo es una forma de populismo similar a las que se están viviendo en otros lugares del mundo, incluido México. Sin embargo, va quedando clara la necesidad del populismo de destruir las burocracias profesionales para imponer su agenda de largo plazo. De modo entonces que si se desea enfrentar con eficacia este tipo de regímenes corresponde a los servidores públicos un papel de mayor protagonismo y valentía. No son admisibles este tipo de fallas, por más anecdóticas y graciosas que parezcan.

El profesionalismo burocrático es la garantía de seguridad para muchas vidas, empezando por la de las tropas involucradas en operativos militares, cuya información, si se filtra, puede caer en manos de los enemigos. Toda república depende de la seriedad de sus servidores públicos, empezando por la república más poderosa de la Tierra.