El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición neurobiológica o del neurodesarrollo que impacta la comunicación, la interacción social y el comportamiento, por lo que un diagnóstico a edad temprana y terapias especializadas, contribuyen a mejorar la evolución con el fin de potenciar habilidades que favorecen la autonomía y mejoran la calidad de vida tanto en la infancia como en la adultez.
Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estiman que, a nivel mundial, 1 de cada 100 menores presenta esta condición, con mayor prevalencia en niños que en niñas.
El TEA altera la forma en la que una persona percibe y se relaciona con su entorno, afectando principalmente la comunicación, la interacción social y la flexibilidad ante cambios en la rutina. Su impacto varía en cada persona, desde casos leves, hasta formas más severas que pueden limitar la comunicación verbal.
El Dr. Raúl Calderón Sepúlveda, neurólogo pediatra de TecSalud, explica que las causas del TEA son una condición multifactorial, es decir, que su origen involucra una combinación de factores genéticos y ambientales. “En el aspecto genético, se ha identificado que tener un hijo con Trastorno del Espectro Autista aumenta la probabilidad de que un segundo hijo también lo presente. Durante el embarazo pueden influir otros aspectos como la exposición a sustancias, por ejemplo, el alcohol, drogas, antidepresivos y anticonvulsivos, falta de cuidado prenatales y la edad avanzada de los padres (mayores de 40 años),” añadió el especialista.
Detectar el TEA a edad temprana implica reconocer señales en el desarrollo desde el primer año de vida, algunos indicios son poco o nulo contacto visual, ausencia de balbuceo, retraso en el lenguaje, falta de respuesta a estímulos, dificultad para socializar, sensibilidad a los sonidos, la selectividad con los alimentos y la pérdida de habilidades que antes habían aprendido, como hablar y realizar movimientos.
En cuanto al tratamiento, se basa en terapias conforme las necesidades y grado de TEA que se presenta en cada niña y niño, y están enfocadas en lenguaje, comunicación, estimulación sensorial, desarrollo socioemocional y rehabilitación motora.
“Evitar dar a los niños pantallas y dispositivos electrónicos es fundamental, debido a que el uso excesivo antes de los 2 años se asocia a retraso en el lenguaje y desarrollo social. Lo recomendable es establecer rutinas de socialización y promover hábitos saludables, incluyendo una adecuada higiene del sueño, así como la participación de los padres, es clave para la interacción diaria. Asimismo, las actividades físicas fortalecen las conexiones neuronales y favorece el aprendizaje social”, explicó el neurólogo.
En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo conmemorado cada 2 de abril, el doctor Calderón reiteró la participación y papel de los padres para notar cuando algo es diferente en sus hijos. “Si consultan a un pediatra y éste les dice que no hay nada de qué preocuparse, pero aún tienen dudas, es importante buscar una segunda opinión para intervenir y mejorar el desarrollo del niño”.